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sábado, 21 de marzo de 2020
lunes, 11 de abril de 2016
Cachalotes hambrientos, pero con los estómagos llenos de residuos plásticos en el mar del Norte
Trece ejemplares han perecido tras quedar varados
en una playa de Alemania mientras seguían el rastro de calamares
Loss cuerpos de trece cachalotes han aparecido varados en una playa cerca de la ciudad alemana de Toenning, en el estado de Schleswig-Holstein. Tras la realización de las necropsias se ha conocido que sus estómagos e intestinos contenían grandes cantidades de residuos plásticos. Pero su final se ha producido como consecuencia de un fallo cardíaco.
Desde que comenzara 2016, 30 cachalotes han llegado a la costa alemana del mar del Norte, incluyendo los 13 últimos ejemplares encontrados en Schleswig-Holstein.
«Las fuertes tormentas que ha sufrido la zona (noroeste del océano Atlántico) han desplazado a los calamares. Los mamíferos marinos han seguido a sus presas hasta que se han visto en aguas poco profundas y han quedado finalmente varados», explica la veterinaria Ursula Siebert, en declaraciones al diario británico Daily Mail, de la Universidad de Hanóver
Se trata de juveniles machos entre 10 y 15 años de edad y de entre 12 y 18 toneladas de peso. Aparentemente no tenían problemas en sus órganos internos y no presentaban un número anormal de parásitos. Los animales, sin embargo, mostraban signos de desnutrición. Según apunta la investigación, «probablemente su última comida tuvo lugar en aguas noruegas».
Un cachalote de 15 toneladas de peso necesita ingerir 450 kilos de comida al día, pero en sus estómagos solo había evidencias de que hubieran comido reciente plástico. La basura retirada de sus estómagos incluye una red de pescador de 13 metros de largo y 1,2 metros de ancho, una parte del motor de un coche de 70 centímetros de largo y un borde afilado que recuerda a un cubo de plástico.
El ministro de Medio Ambiente de Schleswig-Holstein, Robert Habeck, ha instado a la ciudadanía a ser más responsables con el medio ambiente
Loss cuerpos de trece cachalotes han aparecido varados en una playa cerca de la ciudad alemana de Toenning, en el estado de Schleswig-Holstein. Tras la realización de las necropsias se ha conocido que sus estómagos e intestinos contenían grandes cantidades de residuos plásticos. Pero su final se ha producido como consecuencia de un fallo cardíaco.
Desde que comenzara 2016, 30 cachalotes han llegado a la costa alemana del mar del Norte, incluyendo los 13 últimos ejemplares encontrados en Schleswig-Holstein.
«Las fuertes tormentas que ha sufrido la zona (noroeste del océano Atlántico) han desplazado a los calamares. Los mamíferos marinos han seguido a sus presas hasta que se han visto en aguas poco profundas y han quedado finalmente varados», explica la veterinaria Ursula Siebert, en declaraciones al diario británico Daily Mail, de la Universidad de Hanóver
Se trata de juveniles machos entre 10 y 15 años de edad y de entre 12 y 18 toneladas de peso. Aparentemente no tenían problemas en sus órganos internos y no presentaban un número anormal de parásitos. Los animales, sin embargo, mostraban signos de desnutrición. Según apunta la investigación, «probablemente su última comida tuvo lugar en aguas noruegas».
Un cachalote de 15 toneladas de peso necesita ingerir 450 kilos de comida al día, pero en sus estómagos solo había evidencias de que hubieran comido reciente plástico. La basura retirada de sus estómagos incluye una red de pescador de 13 metros de largo y 1,2 metros de ancho, una parte del motor de un coche de 70 centímetros de largo y un borde afilado que recuerda a un cubo de plástico.
El ministro de Medio Ambiente de Schleswig-Holstein, Robert Habeck, ha instado a la ciudadanía a ser más responsables con el medio ambiente
lunes, 2 de noviembre de 2015
miércoles, 26 de febrero de 2014
El riesgo de que los compuestos químicos pasen del envase a la comida
Investigadores alertan de los posibles daños para la
salud de miles de sustancias de uso diario
Entre ellos hay productos que simulan la actividad
hormonal como los disruptores endocrinos.
Unas de las sustancias que preocupan
cada vez más a epidemiólogos, nutricionistas, endocrinólogos son los compuestos químicos que se encuentran en
los materiales que están en contacto con la comida. Pueden ser sustancias presentes en la película
transparente con el que se envuelven los filetes para congelar, en el
recubrimiento de las latas de envases de comida o bebida, en el revestimiento interior plástico de
los vasos de cartón o las tarteras en las que se recalientan las sobras. O
pueden ser otros componentes presentes en procesos de almacenamiento y
procesado de comida o bebida; o en instrumentos que se emplean para servirla.
El problema surge cuando estas sustancias químicas migran hacia los
alimentos que se consumen, un proceso que se acelera con el calor.
Esta exposición es crónica, de largo
plazo: “uno está expuesto a estas sustancias prácticamente de forma cotidiana”.
“Algunos de estos compuestos están
regulados y permitidos. La mayoría de ellas no están estudiadas”, Entre las sustancias
está el formaldehido, un producto que se usa como
bactericida o conservante. Se puede encontrar, en pequeñas cantidades, en
botellas de plástico de tereftalato de polietileno (material más conocido por
sus siglas en inglés, PET).
Está considerado como una sustancia
cancerígena por la Agencia
Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, en sus siglas
en inglés).
Otras de las sustancias con
capacidad de trasladarse a la comida que se emplean en los procesos de envasado
son los llamados disruptores endocrinos, unos compuestos
químicos capaces de simular el comportamiento de las hormonas. Entre ellos
están los ftalatos, el
triclosán (antibacteriano y fungicida), el nonilfenol (detergente), el tributilo de estaño (biocida) o, uno de los
más famosos, el bisfenbol-A.
Respecto a estas sustancias, la
Sociedad Española de Salud Pública y administración Sanitaria (Sespas) remitió
recientemente una carta a la Comisión Europea en la que se expresaba la “honda
preocupación por los efectos sobre la salud humana y ambiental” causada por los
disruptores endocrinos. La entidad solicitaba “la adopción de medidas y
políticas urgentes para reducir la exposición de la población y el medio
ambiente a dichos tóxicos” que se encuentran en
“alimentos, agua, envases juguetes, textiles, plaguicidas, productos de higiene
y otros muchos artículos de consumo”.
Existen trabajos
que han establecido una relación directa entre disruptores endocrinos como el bisfenol A y la diabetes.
De momento, además de plantear medidas a título colectivo, como por ejemplo
políticas europeas que regulen esta cuestión (Francia ha prohibido
el uso de bisfenol A desde 2015), Y se debe calentar la comida en el
microondas sobre una superficie inerte como un plato de vidrio en lugar de
envases de plástico.Unas de las sustancias que preocupan
cada vez más a epidemiólogos, nutricionistas, endocrinólogos son los compuestos químicos que se encuentran en
los materiales que están en contacto con la comida. Pueden ser sustancias presentes en la película
transparente con el que se envuelven los filetes para congelar, en el
recubrimiento de las latas de envases de comida o bebida, en el revestimiento interior plástico de
los vasos de cartón o las tarteras en las que se recalientan las sobras. O
pueden ser otros componentes presentes en procesos de almacenamiento y
procesado de comida o bebida; o en instrumentos que se emplean para servirla.
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